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¿Por
qué
gustamos
de
atender
más
a
unas
músicas... |
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¿Por
qué
gustamos
de atender
más
a unas
músicas
que
a otras?...
Al fin
y al
cabo,
¿qué
es la
música?:
una
serie
de perturbaciones
sonoras
más
o menos
complejas
que
llegan
a nuestro
cerebro
a través
de oído
y de
un medio
físico,
y de
las
cuales
somos
más
o menos
capaces
de hacer
un uso
emocional
o intelectual.
Por
esta
regla
de tres,
podíamos
llegas
a calificar
también
como
música
la sinfonía
de ruidos
que
nos
vamos
encontrando
cada
día
en la
calle,
en la
casa,
en el
trabajo…:
“ la
música
del
mundo”.
Porque
también
en lo
cotidiano,
incluidos
nosotros
mismos,
se encuentran
los
parámetros
más
esenciales
de este
hecho
artístico:
•
Ritmo:
orden
acompasado
en
la
sucesión
de
las
cosas
•
Melodía:
serie
sucesiva
de
frecuencias
(medidas
de
vibraciones.
Todo
vibra
en
el
Universo).
•
Armonía:
unión
o combinación
simultánea
de
diferentes
frecuencias
de
manera
acorde.
•
Forma:
manera
en
como
se
presenta
a los
sentidos
la
figura
externa
de
una
cosa.
Y
es que
aunque
no lo
parezca,
el hecho
de que
algo
nos
resulte
demasiado
complejo,
caótico
o falto
de sentido,
no quiere
decir
que
no pueda
encontrarse
en ello
cierta
organización
que
tenga
cabida
dentro
de los
parámetros
expuestos
(y de
ello
es ejemplo
la música
contemporánea,
que
ha roto
las
convenciones
clásicas
en pos
de una
libertad
compositiva
cada
vez
más
desconcertante).
Pero
es que
también
en otras
artes,
como
en la
pintura
o la
literatura,
están
presentes
tales
parámetros
a su
manera:
el ritmo,
la melodía
(entendida
como
contorno
en pintura
y discurso
en literatura),
la armonía,
la forma,
también
el color
(entendido
en música
como
timbre,
y en
literatura
como
ambientación),
la textura,
y por
supuesto
la temática
(el
elemento
que
define
en cierta
medida
el contenido
emocional
o intelectual
de la
obra)…
son
elementos
que
analizados
nos
ayudan
a comprender
mejor
cómo
se articula
una
obra
(o un
suceso),
permitiéndonos
una
valoración
más
rica
y significativa
de ella.
Ahora
bien,
la música
se diferencia
de ellas
en algo:
posee
un lenguaje
gráfico
que
ha sido
capaz
de reflejar
y sistematizar
estos
parámetros
como
ningún
otro
arte
lo hace.
El hecho
de que
un músico
experimentado
pueda
definir
perfectamente
una
obra
musical
con
el simple
hecho
de mirar
una
partitura
escrita,
es prueba
de que
existe
en la
música
una
mayor
conciencia
acerca
de su
propia
composición,
existe
una
“conciencia
musical”.
He
expuesto
este
término
como
una
simple
observación
ante
la valiosa
capacidad
de la
que
nos
permite
hacer
uso
el lenguaje
musical.
¿Y qué
pasaría
si creásemos
un lenguaje
integral
capaz
de revelar
detalladamente
en todas
sus
dimensiones
el funcionamiento
de aquello
que
nos
rodea
y de
nosotros
mismos
en interacción
con
ello?
La
conciencia
es un
conocimiento
exacto
y reflexivo
de las
cosas,
y un
saber
más
pleno
nos
permitiría
realizar
juicios,
tomar
decisiones
o simplemente
apreciar
la realidad
con
un mayor
criterio.
No sería
descabellado
(si
bien
difícil)
tomar
ejemplo
de la
música
en todos
los
ámbitos
de nuestra
vida,
pues
si entendemos
que
la música
no es
más
que
una
serie
de perturbaciones
sonoras
más
o menos
complejas
que
llegan
a nuestro
cerebro
a través
del
oído
y de
un medio
físico,
y de
las
cuales
somos
más
o menos
caces
de hacer
un uso
emocional
o intelectual;
también
debemos
ser
conscientes
de que
el ser
humano
no es
otra
cosa
que
una
entidad
física
con
sensibilidad
para
captar
aquello
que
le rodea,
capaz
de ordenar
el entendimiento
que
de él
hace
en función de
sus
necesidades
y de
guiarse
por
esa
ordenación.
Supongo
que
es
por
ello
por
lo
que
gustamos
de
atender
a aquello
que
“sintoniza”
con
nosotros
(independientemente
del
valor
histórico,
la
riqueza
u originalidad
objetiva
de
determinada
obra),
que
enlace
con
lo
que
somos,
con
nuestras
necesidades,
con
nuestro
entendimiento,
con
nuestra
conciencia.
JOSÉ
ANTONIO
ARIZA
RODRÍGUEZ
Maestro
en Educación
Musical.
Prf.
Superior
de guitarra.
Estudiante
en Grado
Superior
de Canto
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