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El
Burgo |
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No
hay viajero
que pueda permanecer
impasible ante
la primera
vista de El
Burgo. Rodeado
de montañas
pobladas
de bosques, se
alza sobre
un cerro,
desafiante al
paso de la
historia.
Hasta el río
Turón,
limpio como
pocos, le
rodea en
un afán
de que permanezca
vigilante
de tierras y
caminos.
Esta situación
de atalaya
estratégica
ha marcado
su existencia.
Fue morada
de los clanes
familiares de
la época
del cobre,
Torre de
Aníbal
de los cartagineses,
paso obligado
de hombres
y mercancías
durante la
ocupación
romana y
castillo
fronterizo
durante la
ocupación
árabe.
Hoy por
hoy, la
única
ocupación
que cabe
es pasear
entre una
naturaleza
privilegiada,
disfrutar
de unos
servicios
turísticos
de calidad
extra y
visitar
sus calles,
mezcla de
moro y cristiano.
La
exploración
de El Burgo comienza
desde lo más
alto del
cerro. En
la plaza
de la Villa se
ubica la
Iglesia gótico-mudéjar
de Nuestra Señora
de la Encarnación,
construida en
el siglo
XVI sobre la
antigua mezquita. Su
planta es
de tres naves
separadas
por arcos apuntados
enmarcados en
alfiz. En
el exterior la
portada de
los pies
es obra gótica
en piedra,
con arco apuntado
y abocinado enmarcado
en alfiz (detalle
típicamente
islámico).
Ha sido reformada en
varias ocasiones,
pero la torre
alminar apenas
ha sido tocada
y muestra
su planta
rectangular habitual
en las torres
islámicas.
Merece destacar
el retablo
del altar mayor,
de estilo
manierista,
y dos retablitos de
yesería
en la nave
de la epístola.
Frente
a la iglesia
se puede
ver un retazo del
viejo castillo,
cuyo origen
bien podría
ser una torre
de Aníbal,
garita de
vigilancia
que dejaron
cartagineses y
que mencionaron
los romanos
en sus crónicas
sobre la
ocupación
de Hispania.
El castillo
alcanzó
su
máximo
esplendor
en la
época
islámica,
baluarte
fronterizo
entre diferentes
reinos
árabes
o entre moros
y cristianos
durante la
Conquista.
Fue destruido
y reconstruido
varias veces
hasta que tras
la Guerra
de Independencia
contra Francia
es definitivamente
derribado,
a excepción
de varias
torres y
algunos muros
a los que
se adosaron
casas que
aún
hoy permanecen
en pie.
En
la carretera
que va hacia
Ardales,
se encuentra
el Puente
de Málaga,
que conserva
la parte
baja de un
pilar y su
tajamar (parte
añadida
que aguanta
el empuje
de las aguas)
de la
época
romana.
En
el camino
de La Fuensanta
se ubica
el molino
harinero
del mismo nombre,
resto de
otros tiempos
en que se
utilizaba
la fuerza
del arroyo
para moler
el trigo. Actualmente
es un
área
recreativa
de gran belleza.
Y si se toma
la carretera
que va a
Ronda, a
unos pocos
kilómetros,
se levanta
el Monumento
al Guarda
Forestal,
escultura
realizada
por Enrique
Arremberg
en 1977.
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Un
río
limpio como pocos,
multitud de arroyos
que lo alimentan,
montes con espesos
bosques de encinas,
pinsapos y pinos,
calles anchas y rectas,
amplias plazas ajardinadas,
olivares, campos
de cereales y huertas
son la carta de presentación
de este pueblo, que
por su emplazamiento
estratégico
ha sido habitado
desde los constructores
de hachas líticas
hasta hoy. |
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Artesanía
La artesanía de
El Burgo se
mantuvo
gracias
a la necesidad vital
de proveerse
de útiles para
la casa
y el campo.
Pero los
tiempos
modernos relegaron
ciertos
trabajos
(el esparto,
el mimbre o
la palma)
al olvido.
Hoy,
varias iniciativas promueven
el trabajo artesanal
en diferentes disciplinas:
un taller
se ha especializado
en cerámica
mientras
que otro realiza
muebles
artesanales de
una gran
calidad.
Ambos casos
unifican
la labor manual
de los
artesanos
con un
elevado
concepto
de la calidad
en el trabajo.
La
otra artesanía,
la que no
se vende y
es difícil
de encontrar, se
desarrolla
cada día
en los patios
y frente
a las puertas de
las casas.
La llevan
a cabo los propios
vecinos,
cuando arreglan
los arreos
de las bestias
o preparan
los látigos
de esparto
para las
fiestas.
Leyendas
Dicen
los cronistas
que Juan
José Mingolla
Gallardo,
conocido
como Pasos
Largos,
fue el
último
bandolero
andaluz.
Juan nació
en
El Burgo
en 1873
y fue el
menor de
una familia
de tres
hermanos,
dedicada
al cultivo
de un pedazo
de tierra
en el Puerto
de los Empedrados
y que regentaba
una pequeña
venta de
arrieros
en la sierra
rondeña.
Tras la
muerte de
su padre
es enviado
a Cuba,
donde sufre
los rigores
de la derrota
colonial
española.
A su vuelta,
comienza
a practicar
la caza
furtiva y
es perseguido
por los
civiles,
a los que
burla gracias
a su profundo
conocimiento
de la sierra.
Un
mal día,
en un ataque
de ira y
venganza,
mata a dos
personas
de una misma
familia
que le habían
denunciado
y después
de vagar
por los
montes durante
meses, en
1916 es
capturado
y encerrado
de por vida
en prisión,
primero
en Figueras
y más
tarde en
el Puerto
de Santa
María.
Enfermo
de tuberculosis,
es indultado
por la República
en 1932,
tras lo
cual regresa
a El Burgo,
roba un
rifle y comienza
de nuevo
su vida
de furtivo.
Muere acribillado
a balazos
durante
un tiroteo
con la Guardia
Civil el
18 de marzo
de 1934.
Fiestas
Sus
fiestas patronales
arrancan
desde comienzos del
siglo XVII,
concretamente en
1503, cuando
los Reyes
Católicos
autorizan
la celebración
de una feria
de ganado
el día
28 de agosto
en honor
a San Agustín.
La Semana
Santa tiene un
acto muy
interesante el
Domingo
de Resurrección, con
la quema
de un
Judas relleno de
serrín y
cohetes. Su
sonora destrucción simboliza para
los cristianos la
aniquilación del
mal bajo
el efecto
de la Resurrección.
Otras
fiestas
de interés son
la celebración del
Corpus y
la Romería
de la Virgen de
las Nieves,
cuando llevan la
imagen de
la Virgen desde
el pueblo
a La Fuensanta,
en donde se
oficia una
misa.
Vale
la pena
reseñar
la celebración,
en febrero,
de los
carnavales, por
el entusiasmo
que despierta en
los
vecinos
que,
formando
peñas
o de
forma
individual,
se
disfrazan
y recorren
las
calles
en
un desatado
ambiente
de
algarabía.
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