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Guaro |
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Cualquiera
de las entradas a
Guaro vienen
precedidas por
el intenso
aroma de los
almendros.
En invierno, cargados
de flores blancas
y rosas, estos
caminos se
cubren de
pétalos,
que reciben al
visitante
con una alfombra
de cordial acogida.
Entonces descubre
el viajero
que está
en
un paraíso.
Los
orígenes
de Guaro
son desconocidos, pues
sólo
aparece en
los textos referentes
a la conquista de
los Reyes
Católicos,
a quienes
se entrega la
población
tras la toma
de Coín,
en 1485.
En 1614 Guaro
recibe el
título
de villa
y fue designada capital
de un condado
del mismo nombre
por el rey
Felipe
IV. En la
fachada principal
de la iglesia
se puede
admirar un
escudo episcopal.
Un
ejemplo de
los cambios
que el patrimonio
histórico
sufre a lo
largo de
la historia
es la Iglesia Parroquial
de San Miguel.
Debió
edificarse
en el siglo
XVI y constaba
de una sola
nave con
una torre
adosada al
lado del
Evangelio.
En 1605 se
somete a
diversas
reformas,
que se realizan
bajo la supervisión
de Pedro
Díaz
de Palacios.
Con las reformas
se reparan
las cubiertas
y se construye
una sacristía
entre la
antigua torre
y la pared
del lado
del Evangelio.
Más
tarde, entre
los siglos
XVIII y XIX,
la iglesia
se transforma
de nuevo,
adquiriendo
la planta
de cruz latina
que hoy presenta.
Después
de la Guerra
Civil tiene
que ser reparada
y se interviene
en las capillas
de los brazos
del crucero,
que es la
nave cercana
al altar
mayor.
En
la fachada
principal
destaca la
portada,
compuesta
por un arco
de medio
punto entre
pilastras,
disponiéndose
encima un
balcón
y más
arriba una
pequeña
hornacina
con la imagen
de San Miguel.
La torre
es de dos
cuerpos,
con arcos
de medio
punto para
las campanas.
Otros
monumentos
de carácter
religioso
son el cementerio,
construido
en 1894 y
muy cerca
de él,
la Ermita
de la Cruz
del Puerto.
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Las
tierras de Guaro
tienen un manto que
cambia de color a
la vez que pasa el
año.
Del blanco al verde,
del verde al amarillo,
del amarillo al marrón
y del marrón
de nuevo al blanco.
Los almendros son
los culpables del
espectáculo
cromático
que puede disfrutarse
en este bello pueblo
que gracias a su
privilegiado emplazamiento
tiene historia desde
la Edad del Cobre. |
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Artesanía
Como en
tantas otras
villas apenas
se conservan restos
de su tradición artesanal, si
bien en
la actualidad varios
talleres mantienen vivos
oficios
y ocupaciones del
pasado.
Destacan
entre ellos la
forja artística que,
tras la
desaparición de
los trabajos de
la forja de
campo, se
dedican a
los objetos mobiliarios de
decoración, como
mesas, percheros o
lámparas.
La
almendra,
como era
de esperar,
también
se trabaja de
forma artesanal, siguiendo las
recetas de
los dulces de
toda la
vida.
También
son conocidos
los bordados
que se realizan
en la localidad,
dedicados a
confeccionar
la ropa
de ajuar
que las novias
aportan
a la boda,
principalmente
mantelerías,
sábanas
y colchas.
En Guaro
aún funciona una
almazara de
comienzos de
siglo que
utiliza
sistemas tradicionales
para la
fabricación del
aceite, una
de las principales
fuentes
de riqueza de
las localidades
de la Sierra
de las Nieves.
El proceso
comienza con
la limpieza
de las aceitunas
en la zaranda,
donde se
"zarandean"
(se
mueven) hasta
que quedan
limpias
de hojas
y ramas.
Luego pasan
por una tolva
al molino,
formado
por una
piedra solera
y otra para
moler. Allí son
machacadas
y se obtiene un
primer aceite. Después
la masa
resultante dela
trituración
se coloca
sobre capachas
de esparto
y se pasa por
la prensa,
donde es
exprimida
definitivamente.
Fiestas
En la
Semana Santa
de Guaro
destaca la
Procesión de
los Hermanos, que
arranca de
una antigua
tradición en
la que sólo
participaban hombres, y
las mujeres que
tuvieran promesa.
De
gran interés es
la Fiesta
de Las Mayordomas, en
honor a
la Inmaculada Concepción, que
arranca desde
que se promulgó el
dogma a
mediados
del siglo XIX.
En Las Mayordomas se
responsabiliza
a las personas elegidas
en una serie
de tareas, como
el cuidado de
las imágenes. la
organización de
las fiestas y
a veces administrar el
dinero e
incluso costear
la festividad.
En
Guaro se
eligen no
más de
seis muchachas que
cuidan y
adornan la
imagen de
la Virgen, la
acompañan
en la procesión
(el 7 de
diciembre) y
al día
siguiente, en
la misa,
recitan composiciones
a la Inmaculada.
En
mayo se
celebra la
Romería
de San Isidro,
en la que
los vecinos
se bajan al
río
a disfrutar
de música,
juegos y
una gran
paella.
Y
a finales
de agosto
se celebra
la Feria
del pueblo, las
fiestas
mayores,
que se convierten
en cuatro
días
de encuentros
entre familiares,
amigos,
vecinos y
paisanos.
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