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Sombras,
Luces
y
la
Mano
Negra |
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La
buena marcha
y funcionamiento
de la Banda
de Música
tuvo como
consecuencia
la feliz
idea de
construir
un edificio
donde pudiera
realizar
sus actividades.
Tras distintas
gestiones
y varios
años
de trabajo,
el sueño
se convierte
en realidad
y la
Casa
de la
Música
se inaugura
el 14
de
septiembre
de 1997.
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PASACALLES
DE INAUGURACIÓN
DE LA CASA DE LA
MÚSICA.
El 14 de septiembre
de 1997 se inauguraba
la Casa de la Música,
con el que la Banda
de Música
de Alozaina adquiría
un local de ensayo
adecuado a sus
necesidades. En
esta fotografía
se muestra el pasacalles
que se ofreció
antes
del
acto
de
inauguración. |
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Después
de la inauguración
de la “Casa
de la Música
” había
mucha ilusión,
porque esto sería
un aliciente para que
los músicos
y su director no decayeran
en el empeño
de seguir adelante con
la banda.
El
año
1997 fue bueno en cuanto
a contratos. Pero ya se
estaba intuyendo que la
banda, por diferentes motivos,
estaba a las puertas de
un nuevo periodo de declive.
Los músicos
“veteranos”
no
veían
con ilusión
a los nuevos, ya que no
tenían
la suficiente motivación
como para estudiar y los
que ya estaban en la banda
faltaban a los ensayos de
manera reiterada y sin justificación
(estos datos se recogen
en las listas de asistencia
del maestro que se encuentran
en el archivo de la banda).
Empezaba a faltar una conciencia
seria de lo que significaba
ser miembro de la banda
y la responsabilidad que
ello conllevaba, unida a
una falta de disciplina
eficaz.
Anteriormente,
en el año
1995, se tomaron medidas
desde la dirección
y por parte de los alumnos
más
aventajados de José,
que veían
como la banda estaba a las
puertas de un periodo de
decadencia. Así,
tomaron las riendas de la
enseñanza
y de forma altruista, Maria
Dolores Sepúlveda
Rivas y Antonio Dueñas
Jiménez.
Expondremos el testimonio
de estos y como fue su experiencia:
María
Dolores fue la encargada
del viento-madera (clarinete,
saxofón,
flauta, etc.) y nos relata:
A
priori la idea era muy
buena, yo era la encargada
de los instrumentos de
viento-madera. Pero mi
experiencia fue decepcionante,
porque los alumnos/as
que tuve a mi cargo no
mostraban interés
ninguno en estudiar en
sus casas.
Empecé
corrigiendo
la embocadura y la emisión
aire para sacar el sonido
en el instrumento y esto
lo iban asimilando, pero
de un día
para otro no lo corregían,
seguramente por el mal
hábito
ya adquirido. Intenté
motivarlos/as
de múltiples
formas pero no había
manera de hacer que estudiaran.
Sólo
se limitaban a venir a
clase y corrigiendo siempre
las mismas lecciones. No
observaba un avance claro
y se acomodaron en la banda
sin tener una buena base,
ahí
se
quedó
todo.
Antonio
Dueñas
Jiménez
fue el encargado de viento-metal
(tuba, trombón,
trompeta, etc.) y nos relata:
Yo
fui el encargado de viento-metal.
Empecé
con
cuatro alumnos, y con el
tiempo me quedé
con
uno sólo.
Ya que los otros tres no
les gustaba la música
realmente.
Utilicé
para
la enseñanza
de la música
en el instrumento, el
método
J. B. Arbán
de trompeta, para los
alumnos de este instrumento
que por aquel entonces
era el que se demandaba.
Lo
primero que hice fue corregir
la posición
de la boquilla para pasar
a la emisión
del aire, y a partir de
ahí
avanzar
en otras cuestiones.
Como
ya reseñé
antes,
sólo
quedó
un
alumno a mi cargo y
éste
asimiló
los
conceptos, estudiando,
además,
en su casa ya que me traía
las lecciones al día.
Uno
de los aspectos más
importantes en la música
y para que un instrumento
suene bien y no esté
bajo
o alto, es el estudio al
menos de tres horas todos
los días.
Me
sentí
un
poco decepcionado por los
alumnos que no se interesaron
por estas clases, que además
eran gratuitas y en las
que algo se podía
aprender.
A
la vista de que esta idea
no fue bien acogida por
parte de los nuevos músicos,
los conflictos y los comentarios
a hurtadillas fueron frecuentes
y se hacían
patentes en los ensayos
y en el pasotismo existente
por parte de todos. Esto
se traducía
en desinterés
y abandono lento pero continuo
por parte los músicos.
Sólo
quedaron los que realmente
hacían
un esfuerzo de virtud o
respeto hacia el maestro,
y algunos porque la música
en sí era
un aliciente que podía
superar el desánimo.
La primera consecuencia
seria fue la eliminación
del ensayo del martes y
del viernes, solo utilizando
el sábado
para este cometido y quedando
dichos días
sólo
para las clases de solfeo
que profería
D. José
Aguilar
Campos.
José
Aguilar
Campos (director actual
de la Banda de Música
de Alozaina) relata:
Tenía
en lista a más
de cuarenta alumnos en
las clases de solfeo,
pero asistían
unos quince o veinte,
según
el día.
Antes no me cabían
en la clase los niños.
A
los niños
y niñas
que empiezan por primera
vez en la música
les enseño
las primeras nociones
de ritmo, el pentagrama
y las líneas
adicionales junto con
las notas musicales, para
pasar en una semana más
o menos al libro de solfeo,
para que vayan preparado
las lecciones que les
voy enseñando.
La
atención
que profería
D. José
Aguilar
era personalizada, ya que
llamaba a los alumnos y
los atendía
de uno en uno. Y bastante
amena, ya que a José
siempre
le ha gustado el “cachondeo”.
Además,
cuando terminaban el libro
primero de solfeo, les buscaba
a los alumnos/as un instrumento,
pero tampoco había
instrumentos para todos.
Principalmente por este
motivo los niños/as
se aburrían,
el maestro en su afán
de que no desistieran les
hacía
repetir las lecciones. No
tenía
otro medio para mantenerlos
en clase.
Testimonio
de un antiguo alumno de
la Banda de Alozaina:
La
música
me gusta pero no cogía
el instrumento debido
a no se que, puede que
el método
de enseñanza
no fuera el más
sofisticado para mi edad.
Tuve
suerte y empecé
a
tocar y más
o menos sabía
las escalas, bemoles, sostenidos,
o sea, el manejo del instrumento.
Aunque no me enseñaban
ritmo, solo repetía
lo mismo hasta que me harté
y
no fui más.
Ya
en el año
1997 y recién
estrenada la “Casa
de la Música
”,
Jorge Aguilar Lima, hijo
de José
Aguilar,
impartió
clases
de lenguaje musical a través
de un programa de la mancomunidad
de municipios de la Sierra
de las Nieves. Pero por
diferentes motivos estas
clases no se mantuvieron.
Se
intentaron varias fórmulas
para que los músicos
recobraran la ilusión
por la música,
como cobrar por ir
al ensayo (de la subvención
anual del ayuntamiento),
se hicieron varios
concursos de conocimientos
solfeísticos
con sus respectivos
regalos. De poco sirvió
porque
se consiguió pan
para hoy y hambre para
mañana.
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DIANA
FERIA DE SEPTIEMBRE
DE 1997.
Las dianas pecheras
son una de las
actuaciones más
esperadas por los
vecinos de nuestro
pueblo en todas
las ferias, sobre
todo por parte
del público
más
joven. |
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Pero
ya se estaba fraguando
una idea genial y que pudo
remediar la situación.
Era una idea que estaba
al margen de José,
el maestro, en cuanto a
impartir clases. José Aguilar
siguió
dirigiendo
la banda, y no fueron claros
con él
ni desde el Ayuntamiento,
ni desde los coordinadores
de dicha idea, que simplemente
se limitaron a contar a
grandes rasgos el proyecto.
Los
componentes de la banda
intuían
un cambio generacional en
la dirección,
que siempre estuvo precedida
por la familia Aguilar,
salvo contadas excepciones.
Aparece entonces la figura
de Francisco Aguilar Lima,
actual director de la Banda
de “los
Moraos”
de
Alhaurín,
que fue coordinador principal
del proyecto de escuela
de música
de Alozaina que se incluiría
dentro del organigrama de
la extinta banda de
“ la
Unión
”.
Francisco Aguilar pareció
ser
el supuesto candidato a
suplir en la dirección
a su padre (eran rumores
infundados aunque todo parecía
apuntar a ello).
Francisco
Aguilar, Reyes y Juan Méndez
(antiguo teniente de alcalde
primero del Ayuntamiento
de Alozaina), al ver la
precaria situación
de la banda y con todas
las buenas intenciones,
proyectaron la creación
de la citada escuela de
música,
donde se formarían
músicos
que pasaría
a formar parte de la banda
y asegurar así la
música
en Alozaina. Eso sí,
no sabemos bajo que denominación;
“Banda
de música
de Alozaina”
o “ La
Unión ”.
No lo sabremos porque esta
escuela de música
no llegó
a
buen puerto por distintos
motivos que aquí
no
analizaremos porque no es
el fin de la investigación,
aunque si nos interesa por
la repercusión
que pudo tener en la banda.
La
escuela de música
de La
Unión fue
una realidad que empezó
a
funcionar. Parecía
que la imagen de frías
tardes de ensayo de los
sábados
en las que sólo
asistían
un puñado
de músicos
iba a cambiar en breve,
ya que uno de los principales
objetivos de la escuela
de música
era surtir de nuevos valores
musicales para la banda.
Basándonos
en un trabajo de investigación
para la Universidad de Málaga
en mayo de 2000 (por Antonio
Mateos Vera), la labor que
se desarrolló
en
esta escuela de música,
que tenía
su espacio físico
en la Casa de la Música,
era bastante prometedora
en cuanto a la formación
de músicos.
Baste el ejemplo de haber
pasado por delante de la “Casa
de la Música
” un
día
de escuela musical. Se observaba
la alegría
y las ganas de aprender,
sobre todo por la metodología
activa que se impartía
en las clases. Se enfocó
la
metodología
desde un punto de vista
ameno y divertido, siendo
a su vez serio y eficaz.
Por
lo observado, para motivar
a los niños
e incentivarlos al estudio
musical, los monitores de
la escuela intentaron un
acercamiento de amistad
con los alumnos, para conocerlos
mejor y poder enfocar más
fácilmente
sus propósitos
pedagógicos.
Esto
lo sabemos por el testimonio
de Francisco Aguilar Lima
en una entrevista: para
motivar a los niños
intento hacerme amigo de
ellos, conocerlos bien y
conocer los problemas que
puedan tener, a partir de
aquí
busco
la motivación.
La
escuela de música
desapareció
progresivamente,
ya que alguno de los profesores
dejaron de asistir a sus
clases sin explicación
alguna, hasta desaparecer
totalmente. Dejando a alumnos,
padres y socios protectores
sumidos en un gran desconcierto.
Nuevamente,
y tras otro intento de mantener
la banda, muchas de las
esperanzas depositadas en
esta escuela de música
se esfumaron sin más,
y con ellas muchas de las
esperanzas de nuestra Banda
de Música.
Desde
la Banda los acontecimientos
se apreciaron con resignación
por parte de su director
y componentes. Estos siguieron
con sus ensayos en una situación
precaria por falta de músicos
y de explicaciones por la
desaparición
de la escuela de música.
Por otra parte, el ayuntamiento
de Alozaina, se aleja de
la banda de música
y desde el año
1999 falta a su compromiso
de pagar la subvención
que hay destinada a la misma
para sufragar sus gastos.
La banda no recibe explicaciones
convincentes por este hecho,
aunque sigue ensayando y
tocando en todos los actos
programados, aun sin cobrar
subvención,
como si no pasara nada.
La
situación
comienza a ser insostenible,
pero algo está cambiando.
Dos alumnos de D. José Aguilar
Campos, que hoy día
trabajan como profesores
de música,
comienzan a dar clases a
un grupo reducido de los
alumnos de la extinta escuela
de música,
siempre bajo la supervisión
del maestro. Este fue el
punto de inflexión,
ya que parece que la banda
ha tocado fondo y ahora
parece ver la luz al final
del túnel.
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ACTUACIÓN
EL DÍA
DE ANDALUCÍA
DE 1999.
En esta
época
la
Banda
de
Música
se
encuentra
en
la
primera
etapa
de
un
proceso
de
declive
que
alcanzará su
máxima
expresión
a
finales
del
año
2003. |
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La
banda comienza
a “resurgir
de sus cenizas”
puesto que
en la Semana
Santa de
2004, salen
doce nuevos
músicos,
fruto del
esfuerzo
de estos
profesores,
que actualmente
son los
coordinadores
de la nueva
escuela
de música,
inmersa
en el
organigrama
de actividades
de la Banda
de
Música
de
Alozaina .
Todo
comenzó
en 2001,
y como en
todos los
comienzos,
los primeros
pasos fueron
los más
difíciles,
aunque llenos
de mucha
ilusión
como así
comentan
los protagonistas.
María
Dolores
Sepúlveda
Rivas y
Antonio
Mateos Vera,
siempre
apoyados
por D. José
Aguilar
Campos,
comienzan
a dar clases
de lenguaje
musical
a niños
y niñas
que demandaban
clases de
música porque
estaban
en la escuela
de “ La
Unión ”
y esta,
como ya
hemos relatado,
había desaparecido.
Estos niños
y sus padres
tuvieron
una conversación
informal
con Toni
y este le
comentó
a María
Dolores
las inquietudes
de estos.
Aquí comienza
a cimentarse
la escuela
de música
que hoy
conocemos.
En
septiembre
de 2001,
Toni y María
Dolores
comienzan
a impartir
clases los
sábados
de manera
altruista
y desinteresada
a ocho niños
y niñas.
Durante
el año 2002
se fueron
incorporando
más niños
y niñas,
ampliándose
así el horario
de clases,
que se distribuyeron
desde las
11:00 h.
de la mañana
hasta las
19:00 h.
de la tarde
de los sábados,
ya que el
número de
niños ascendió
a 22 alumnos/as.
Durante
este año
2002 se
propuso
a los padres
una donación
por cada
alumno para
cubrir gastos,
ya que los
profesores
estaban
desembolsando
de su bolsillo
un dinero
propio,
además de
cubrir un
horario
no remunerado.
El acuerdo
de la cuota-donación
fue bien
acogido
por los
padres de
los alumnos/as
que no se
explicaban
como estos
daban clases
sin ningún
tipo de
pago. Algunos
pensaban
que el Ayuntamiento
los estaba
apoyando,
pero nada
más lejos
de la realidad.
En
Julio de
2002 se
intentó
un acuerdo
con el Ayuntamiento
para acercar
posturas
con esta
iniciativa,
que en realidad
no fue de
los dos
músicos,
sino de
los propios
niños y
niñas. También
se trató
de retomar
la negociación
para el
pago de
la subvención
por las
actuaciones
de la banda.
Esto se
quedó en
agua de
borrajas,
quizá por
la inminencia
de las elecciones
municipales.
Así
pues, el
año académico
2002-2003,
se mantuvo
con la donación
que los
padres pagaban
a Toni y
Maria Dolores
(actualmente
es así).
El número
de alumnos
aumentaba
llegándose
a registrar
la cifra
de 27, aunque
en este
año se produjeron
cuatro bajas.
En
mayo y durante
todo el
verano de
2003 se
produjeron
contactos
con el Ayuntamiento
para pedir
que tramitaran
las distintas
subvenciones
de instrumentos
y monitores
de música
e hicieran
una apuesta
más decidida
sobre el
mantenimiento
de esta
escuela
de música,
que en definitiva
era una
apuesta
ganadora
para el
mantenimiento
de la banda.
El
primer gesto
favorable
hacia esta
escuela
de música
se produjo
en junio
de 2003,
cuando puso
a disposición
de la banda
un autobús
que llevó
a los alumnos
de la escuela
a ver un
concierto
de clásicos
populares
a cargo
de la Orquesta
Sinfónica
del Conservatorio
de Música
“Manuel
Carra” de
Málaga.
Fue una
experiencia
muy enriquecedora
y didáctica
para los
alumnos,
que asistían
por primera
vez a un
concierto
de música
clásica
en directo.
En
septiembre
de 2003
se consiguen
del ayuntamiento
1200 € para
la compra
de instrumentos
Orff, necesarios
para los
niños/as
más pequeños,
ya que dentro
de la escuela
de música
se quiso
abrir un
aula infantil,
donde tuvieran
cabida los
niños de
5, 6 y 7
años. Esta
iniciativa
tuvo mucho
éxito y
hoy hablamos
de veinte
alumnos/as
en el aula
infantil.
Y sumando
los restantes
alumnos
de la escuela
de la música
hay un total
de sesenta
y cuatro
alumnos/as.
Ante tal
demanda
y desbordadas
las predicciones,
los coordinadores
de la escuela
hablaron
con Antonio
Dueñas Jiménez
para que
formara
parte de
la plantilla
de profesores
y este aceptó
con agrado.
A
partir de
ahí y ante
la insistencia
de María
Dolores
y Toni teniendo
como argumento
el aumento
de niños/as
en las clases
y la falta
de recursos
materiales,
hicieron
hincapié
en la necesidad
de subvenciones.
Así, la
corporación
municipal,
tuvo a bien
tramitar
una subvención
de Diputación
Provincial
de Málaga,
que se tradujo
en 2004
en 3000
€ que se
emplearon
en material
instrumental.
De la subvención
de monitores
no se sabe
nada, aunque
se tramitó…
Hay
que reseñar
el paulatino
acercamiento
del Ayuntamiento
ante esta
sucesión
de hechos
concernientes
a la banda
de música
y su escuela,
que a su
vez repercutían
positivamente
en la Banda.
Al ver el
Ayuntamiento
un trabajo
serio comenzaron
a tramitar
las distintas
subvenciones.
Aunque hay
que aclarar
que los
que han
mantenido
y mantienen
esta escuela
de música
son los
padres con
sus donaciones
mensuales. Otro
hecho destacado
de esta
última etapa
es la donación
del archivo
personal
de D. José
Aguilar
Campos a
la banda
de música
de Alozaina,
con más
de 500 obras
diferentes,
divididas
en Marchas
de Procesión,
Obras, Pasodobles
y otros.
El ayuntamiento
también
ha colaborado
aportando
material
para la
conservación
del archivo.
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