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Istán |
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Camino
de Istán,
nada más
entrar en
la Reserva de
la Biosfera
desde Marbella, el
viajero percibe
un cambio en
la calidad de
la luz.
Es la sutil combinación
de colores que
generan
los distintos verdes
de algarrobos,
pinos y alcornoques
con el azul
reflejado del
pantano de
Río
Verde. Diez
minutos después,
aparece la
villa de
las fuentes
y de las acequias,
en la que
aún
resuenan
los combates
moriscos y
el acento
de los repobladores panochos.
Porque
si bien
con los
romanos
las tierras
de Istán
eran ya ricas,
fue con
los musulmanes
cuando este
pueblo enclavado entre
las sierras
Real y
Blanca alcanzó
un
esplendor
único
en la región.
Y fue gracias
a la decisión
de los reyes
cristianos de
que los
moriscos
se alejaran de
las playas hacia
el interior.
Las pasas,
vinos y
sedas se
exportaban
a toda Europa y
las grandes
obras de
canalización
de agua,
hoy todavía
visible
y en uso,
convirtieron en
un vergel
las laderas
de los montes.
Cuentan
las crónicas
islámicas
que en un
lugar llamado
Arboto, a
unos cuatro
kilómetros
al norte
de Istán,
había
una casa
de labranza
(alquería)
que tuvo
que ser
abandonada
durante
la conquista
cristiana.
Sus ocupantes se
trasladan
al pueblo,
aunque no
por mucho
tiempo.
El 31 de
diciembre
de 1568,
hartos de
las presiones
políticas
y económicas
del reino
cristiano,
los moriscos
de Istán
se rebelan,
al igual
que los
moriscos
de toda
la Sierra
de las Nieves.
Abandonan
la villa
y se refugian
en Arboto,
donde comienzan
una guerra
de guerrillas
que acabaría
dos años
después
con la expulsión
de los moriscos
de toda
la región.
De
este Istán
musulmán
quedan los
restos de
la Torre de
Escalante
(finales del
siglo XV)
y algunos pequeños
molinos
hoy en desuso.
La Iglesia de
San Miguel
se asienta sobre
la antigua
mezquita y
su torre
conserva
el carácter
islámico
típico.
Destacan
en ella la
espadaña,
el elemento
más
barroco
del templo,
con arcos
de medio punto
a cada lado,
y la portada de
ladrillo
que da a
la plaza del
pueblo.
En su fachada
se pueden
ver dos de
las catorce
hornacinas
que componen el
Vía
Crucis y
que están
repartidas
por las
calles,
cuidadas
y adornadas por
los propios
vecinos.
La
importancia del
agua en
Istán
es patente en
sus once
fuentes repartidas
por la
villa, todas potables, pues
vienen del
manantial. Pero
si hay que
destacar
una, esta
sería
el lavadero, conocida
como
"El
Chorro"
y
en la que
se encuentra una
fuente de
siete caños,
adornada
con ladrillos y
azulejos,
de la que
en lo
más
tórrido
del verano
mana un
agua de
un frescor
sorprendente.
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Istán
es una mancha de
cal entre el verdor
de la sierra. En
sus calles domina
el sonido del agua.
Agua, que brota
de entre las piedras
y fluye por acequias
y fuentes. Agua
que riega bancales
de huertas y frutales.
Agua que inunda
el pantano de da
de beber a la Costa
del Sol. |
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Artesanía
No
son muchos
los lugares
en los que
se hayan
mantenido
labores
artesanales
relacionadas
con las
fibras vegetales.
Afortunadamente,
en Istán
existen
artesanos
que trabajan
el esparto
y la palma
utilizando
técnicas
ancestrales.
Recolectan
el esparto
en pleno
verano,
para luego
trabajarlo
verde, seco
o majado.
De él
obtienen
pequeñas
piezas de
cestería
o pleitas
que utilizan
para envolver
los quesos.
Las gavillas
secas se
cuecen y
remojan
para devolver
la flexibilidad.
Con el majado
se golpean
las fibras
con madera
para modelarlas.
Así se
van haciendo,
primero
las pleitas,
para posteriormente
unir estas
formando
los objetos.
La palma,
hoja del
palmito,
también
se recoge
en verano.
Se tiende
a sol durante
un mes para
que se seque
y se blanquea
con azufre
encendido.
Se corta
en tirillas
y después,
se trabaja
de manera
similar
al esparto.
Fiestas
La
Semana Santa
de Istán
destaca
notablemente
por la escenificación
del Paso,
que se remonta
a 1666 y
en la que
más
de cien
vecinos
reproducen
en vivo
la pasión
y muerte
de Jesucristo.
La costumbre
se perdió poco
antes de
la Guerra
Civil, pero
fue recuperada
durante
los años
ochenta.
En
septiembre
se celebran
las fiestas
en honor
a San MIguel,
que comienzan
con La Tomillería,
una romería
a la ermita
del Patrón
que se encuentra
a unos tres
kilómetros
del pueblo.
Esta
tradición
proviene
de la ancestral
costumbre
de festejar
las últimas
recolecciones
del verano
y la vendimia.
Igualmente,
para conmemorar
la recolección
de las castañas,
se celebra
el Día
de Todos
los Santos
(1 de noviembre),
la Tostoná,
fiesta familiar
en la que
se asan
castañas,
entre cantes
y bailes.
Ya
en invierno
se anuncia
la llegada
de la Navidad
con Los
Zambombeos,
grupos de
hombres
y mujeres
que salen
a la calle
con zambombas
y panderetas
a cantar
los primeros
villancicos.
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