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Ojén |
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Ojén
oye a la
montaña
y mira al
mar. Es un
espacio de
transición
entre la
costa cosmopolita
y el interior
agreste.
Y goza de
las bondades
de ambos mundos.
Si el viajero
británico
Francis Carter
tardó seis
horas en
llegar a
finales del
siglo XVIII,
hoy en apenas
diez minutos
el moderno
viajero puede
percibir
la hermosura
de un enclave
que destila
historia
y simpatía.
Las
muchas cuevas
de su término
municipal
dieron abrigo
a familias
neolíticas,
pero es en
el siglo
X cuando
las crónicas
islámicas
hacen referencia
a esta villa,
en la que
un castillo,
hoy destruido,
pasó de
unas manos
a otras,
entre revueltas,
rebeliones
y conquistas.
Durante un
tiempo, incluso,
el pueblo
quedó
desolada
hasta que
fue repoblado
con cristianos
viejos del
valle del
Guadalquivir.
De
la antigua
mezquita
musulmana, hoy
Iglesia de
la Encarnación,
se conserva
el alminar,
modificado para
su uso como
campanario.
La iglesia es
de una sola
nave y hay
que destacar su
armadura
de madera
de pino rojo
con tirantes y
decorada
con crucetas
y estrellas.
La cabecera
se cubre con
una bóveda
semiesférica
y en el testero
del presbiterio
podemos contemplar
la insólita
imagen de
San Dionisio
Areopagita,
patrono de
la localidad
y que, según
el santoral,
su nombre
viene del
griego Dionysos,
dios del
vino y de
las fiestas,
si bien no
explica el
por qué de
la cabeza
en la mano.
Sobre
el arco de
la portada
de piedra
se puede
admirar el
escudo episcopal
emblema del
obispo que
ordenó
las
reformas
de comienzo
del siglo
XVIII.
En
cuanto a
las fuentes,
existen varios
manantiales
en la sierra.
Así,
en el centro
de la plaza
está la
Fuente de
los Chorros,
un antiguo
abrevadero,
que data
de comienzos
del siglo
XX.
Restos
de un tiempo
en que la
población
aprovechaba
la orografía
del terreno,
las cuevas
de Ojén
sirvieron
de refugio
para personas
y animales.
Las Cuevas Bajas
se pueden
visitar,
pues han
sido restauradas
en sus alrededores,
resultando un
conjunto
de gran belleza.
También
conviene
visitar el
refugio del
Juanar, a
unos pocos
kilómetros
de la villa
en dirección
a Monda.
Fue mandado
construir
por el marqués
de Larios
en 1906 como
refugio de
caza y hoy
es sede de
un lujoso
hotel.
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Entre
las Sierras Blanca
y Alpujata, en un
lugar tranquilo,
apacible y de gran
riqueza hídrica
se localiza Ojén,
pintoresca localidad
en la que la distribución
de sus calles, la
arquitectura popular
y la abundancia de
flores imprimen un
marcado sabor andaluz. |
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Artesanía
Entre las
importantes
industrias alcoholeras
de Málaga destacó la
dedicada
a la elaboración del
aguardiente de
Ojén. En
1840 Pedro
Morales instala
una destilería que
utiliza exclusivamente hierbas aromáticas y
uvas de
esta localidad, destiladas en
alambiques calentados con
madera de
enebro,
consiguiendo un
aguardiente
de excelente
calidad que
alcanzaría fama
internacional. Incluso Picasso inmortalizó en
su obra de
la
época cubista Bodegón español (Ceret, 1912),
una botella
con la leyenda Ojén.
La fama
del aguardiente se
vio incrementada con
el lanzamiento de
un exitoso
eslogan publicitario, consistente
en acompañar
con pequeños
golpes las
siete sílabas
de la frase
"una
copita de
Ojén".
Esta muletilla
se repetía
por toda
España
y los promotores
llegaron
a repartir
como propaganda
un pequeño
llamador
con el que
dar los
golpecitos.
Los alambiques con
que se
destilaba el
aguardiente se
encuentran en
el Museo del
Vino de
Málaga, ubicado en
la antigua destilería de
Ojén, un
edificio del
siglo XVIII,
restaurado
recientemente y
que además
reúne
una valiosísima
colección
de vinos de
la provincia de
Málaga.
Hay que destacar la
selección
de etiquetas antiguas
de los vinos
que a
lo largo
de la historia fueron
elaborados
en la provincia, así como
una exposición
de artesanía,
antigüedades
y elementos
relacionados
con la enología,
la disciplina
que estudia
todo lo
relativo
a los vinos
y su elaboración.
Existen
dos talleres
en Ojén
donde se
realizan
verdaderas
obras de
arte. El
primero
de ellos
trabaja
la pintura
al óleo
sobre diversos
soportes
como son
lino, madera,
vidrio,
metal, etc.
Del segundo
destacan
principalmente
los trabajos
de cristal
con la técnica
Tiffany,
aunque también
se elaboran
tapices,
esculturas
de madera,
etc.
Fiestas
Además
de la Semana Santa
y el
Belén
al aire libre
en Navidad,
se celebran
en el pueblo
otras fiestas como
el Día
de Todos
los Santos, con
el Tostón
de castañas,
la Romería
del Cerezal (1
de mayo)
y las Fiestas
en honor al
patrón,
San Dionisio
Areopagita, del
9 al 12
de octubre,
que se inauguran
con la procesión
del Santo
Patrón
y se cierran
con la procesión
de la Virgen
del Pilar.
Un acto
de gran
importancia en
el calendario festivo ojeneto es
el Festival de
Cante Flamenco
"Castillo de
Ojén", que
cada año
recibe más
visitantes de
toda Málaga
y muy especialmente
de la Costa del
Sol. Ojén
se convierte durante una
noche de
la
última
semana de
julio o
la primera de
agosto en
la capital
malagueña
del flamenco, pues
al festival acuden
las figuras más
importantes
del cante
y del toque.
Por él
han pasado
Fosforito,
José
Meneses,
Camarón
de la Isla,
El Lebrijano,
El Cabrero, Luis
de Córdoba,
Rafael Farina
o La Niña
de la Puebla,
entre otros.
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