Los
primeros
testimonios
de la
presencia
del
hombre
en la
comarca
de Sierra
de las
Nieves
datan
del
Paleolítico.
Al principio,
los
humanos,
más
indefensos
que
otros
animales,
se refugiaban
en cuevas,
como
la de
las
Vacas
o la
del
Algarrobo
en Alozaina.
Hacia
el año
6000
a.C.
comienzan
a dominar
la agricultura
y la
ganadería,
y aparecen
los
primeros
poblados.
La llegada
de los
metales,
en el
3000
a .C.,
trae
consigo
la aparición
del
megalitismo
(arquitectura
monumental
realizada
con
grandes
piedras).
En El
Burgo
tenemos
un buen
ejemplo
con
el dolmen
del
Cerro
de la
Cruz
Blanca,
y también
en Alozaina,
con
los
sepulcros
megalíticos
del
Tesorillo
de la
Llaná
y el
de la
cuesta
de Los
Almendrillos.
Desde
el s.
VIII
a.C.,
los
pueblos
ibéricos
asentados
en estos
territorios
instalarán
sus
poblados
en zonas
estratégicas
como
los
Altabacales,
en El
Burgo.
Más
tarde,
en el
s. II
a.C.,
los
romanos
ocupan
el territorio
iniciando
un período
de paz
cuyo
eje
será
la ciudad.
No conservamos
ciudades
en nuestra
comarca
pero
sí restos
de puentes
(Arroyo
de la
Teja)
y calzadas
(Monda).
Tras
visigodos
y bizantinos,
en el
siglo
VIII
llegan
los
musulmanes
y fundan
Al-Andalus,
aunque
los
antiguos
pobladores
cristianos
(llamados
mozárabes)
continúan
habitando
la zona,
como
muestra
la Iglesia
del
Hoyo
de los
Peñones
de Alozaina.
La Sierra
será
el escenario
del
enfrentamiento
de Umar
ibn
Hafsum
contra
el poder
de Córdoba,
momento
en que
destacan
las
fortalezas
como
las
de Casarabonela
y Ojén.
A
lo largo
de la
Edad
Media
la Sierra
de las
Nieves
alcanza
su máximo
esplendor
social
y económico,
mientras
surgen
los
actuales
núcleos
de población
alrededor
de las
fortalezas,
que
rigen
consecutivamente
almorávides,
almohades
y nazaríes.
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LOS
PUEBLOS DE LA
SIERRA. La
mayoría
de los pueblos
de la Sierra
de las Nieves
se sitúan
alrededor de
fortalezas. |
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A
finales
del
siglo
XV,
los
Reyes
Católicos
acaban con
ocho siglos
de dominio
islámico,
conquistan
las sierras
y construyen
iglesias
sobre las
mezquitas.
Los musulmanes
son obligados
a convertirse
al cristianismo
y muchos
huyen de
sus tierras.
Los nuevos
cristianos,
los moriscos,
viven en
unas condiciones
muy duras.
Sometidos
a grandes
presiones,
lo que les
llevará
a sumarse
a la rebelión
morisca
de finales
del s. XVI
en el reino
de Granada,
que acabará
con la expulsión
de todos
ellos, hecho
que generó
una profunda
crisis económica
en la zona,
al igual
que en todo
el sur y
el este
de la península.
Durante
los siglos
XVII y
XVIII, la
nueva sociedad
organiza
su vida
en torno
a las iglesias,
introduciendo
nuevos
estilos
artísticos
como el
Renacentista
o el Barroco
que quedarán
reflejados
en las
construcciones
de ese
momento
(iglesias,
ermitas,
etc.).
En
el s.
XIX,
la sierra
es invadida
por el
ejército
francés,
que destruirá
los castillos
todavía
conservados
del antiguo
sistema
defensivo
medieval;
aún será
momento
para
construir
algún
baluarte
nuevo
como
la torre
de Yunquera.
Y así,
tras
la guerra
de la
independencia,
la desamortizaciones
de Mendizábal
primero
y luego
Madoz
(venta
de bienes
eclesíasticos
y municipales)
y la
quema
de iglesias
y conventos
durante
la República
y la
Guerra
civil,
los municipios
de la
Sierra
de las
Nieves
perdieron
gran
parte
de su
rico
Patrimonio.
En esta
situación
llegamos
a nuestros
días
en los
que existe
una gran
preocupación
por preservar
aquellos
restos
y costumbres
del pasado
que nos
han hecho
ser lo
que hoy
somos.
De
este
modo
se hizo
la historia,
pero,
paralelamente,
cada
pueblo
tiene
sus propias
historias
de todos
los días,
las que
el visitante
puede
admirar
tan solo
dando
un paseo
con tiempo
suficiente,
escuchando
atentamente
y mirando
del modo
adecuado
cada
rincón,
cada
pequeño
monumento.
La historia
de la
comarca
se plasma
de este
modo
en las
iglesias,
hornacinas,
fuentes,
escudos
y cementerios,
vía crucis
y ermitas.
Sin olvidar
murallas,
torres,
castillos
y molinos.
La
otra
historia
es la
que hacen
los vecinos
en sus
celebraciones,
con sus
fiestas
religiosas
y paganas,
siempre
entroncadas
con el
mundo
campesino:
bienvenida
a la
primavera,
saludo
a la
recogida
de la
aceituna.
Cabe
destacar
la celebración
de la
Semana
Santa.
Entonces,
cada
pueblo
saca
sus mejores
galas
para
en un
ambiente
de recogimiento
conmemorar
la pasión
y muerte
de Jesucristo.
El carnaval,
se desata
la alegría
pagana
y rebelde,
provocadora
e irreflexiva.
Los vecinos
se disfrazan
e inundan
las calles
los visitantes.
Es un
espectáculo
solamente
superado
por las
fiestas
de verano,
cuando
se tira
la casa
por la
ventana
y el
pueblo
huele
a fiesta
las veinticuatro
horas
del día. |